Balancán: cuando la música comenzó por dentro
- sevillaguillermo19
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La experiencia en la Escuela Normal Urbana de Balancán, con los estudiantes de sexto semestre de la Licenciatura en Educación Preescolar, no inició cantando. Inició en silencio.
Comenzó con presencia corporal, respiración consciente y orden interno. Antes de producir sonido, aprendimos a habitar el cuerpo. Ese primer momento marcó la diferencia: cuando el grupo logra centrarse, la música deja de ser actividad dispersa y se convierte en experiencia significativa.
A partir de ahí, todo fluyó.
El canto grupal se convirtió en uno de los momentos más poderosos. Descubrir que sus voces podían sincronizarse y armonizar juntas no solo fue un logro musical, fue una vivencia de comunidad. Los juegos rítmicos, la percusión corporal, el movimiento, los juegos, el cuento musicalizado y la escucha atenta con dibujo libre ampliaron la comprensión de lo que realmente puede suceder en un aula cuando la música se trabaja con intención.
Las palabras que ellas mismas utilizaron lo dicen todo:feliz, motivada, plena, tranquila, renovada, segura.
La mayoría coincidió en algo esencial: la música en preescolar no es un recurso ocasional. Es una experiencia integral de aprendizaje que desarrolla atención, coordinación, lenguaje, regulación emocional y sentido de pertenencia.
Al finalizar, la motivación para llevar lo vivido a sus prácticas fue clara y firme. No se trató solo de entusiasmo, sino de convicción pedagógica.
Balancán confirmó algo fundamental: cuando la educación musical parte del orden interno y la presencia, forma más que habilidades; fortalece identidad docente.
Y cuando una futura educadora descubre que puede sostener un pulso, conducir un canto o guiar una pequeña orquesta de percusiones, también descubre que puede conducir con seguridad a sus niños.
La música, entonces, cumple su función más profunda: educar desde adentro hacia afuera.





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